DESAFÍO

Valle de las Lágrimas surge como proyecto del uruguayo Álvaro Mangino, uno de los 16 sobrevivientes del vuelo 571, estrellado en la cordillera de los Andes en 1972.
A JVD se le encargó generar un diseño icónico, que hablase de la experiencia de vivir un incidente como tal y hacerle un homenaje a la vida. En vez de concentrarse en el dolor de lo vivido, se quiso expresar dos conceptos fundamentales en la lucha por sobrevivir: la Esperanza y la Victoria.

Esperanza y Victoria son dos diseños que van de la mano. Ambas etiquetas proyectan lo que fue aquella historia que marcó por siempre una generación. Desde pequeños detalles como ciertas fechas y números ocultos, estas hermanas cuentan una historia que se arma a partir de su sutil diseño.

Esperanza es un homenaje a todos los pasajeros que fallecieron en aquel incidente. Busca representar las almas que subieron al cielo y que dejaron atrás a sus compañeros en la inmensa cordillera, en medio del Valle de las Lágrimas. Su partida fue la diferencia entre la vida y la muerte para muchos. Por siempre los sobrevivientes vivirán con la esperanza de volverse a encontrar, fuera de este mundo. Se utilizó folia dorada para representar las almas como pequeños destellos de luz, sobre una vista cenital de las montañas. Se utilizó únicamente un cuño sobre el nombre Esperanza y Valle de las Lágrimas, resaltando de esa forma la historia proyectada sobre esta etiqueta.

Victoria marca el paso definitivo por la lucha por la vida. Según Mangino, la verdadera victoria era volver a ver a su querida Margarita, la cual es representada en el perfil de la etiqueta. Sobre el vivo recuerdo de su amada, se revela un extracto de la carta que Fernando Parrado le lanzó al arriero Sergio Catalán que finalmente los ayudaría a ser rescatados. Fue en ese momento en que sabrían que la Victoria estaba por llegar. Se utilizó un efecto de doble exposición para unificar el perfil de la mujer con las montañas. Para la carta se trabajó con folia dorada, para resaltar el valor de ésta.

Trabajar en el proyecto Valle de las Lágrimas fue un desafío tanto profesional como personal. Se necesitó mucho estudio, conocer a profundidad la historia, comprender lo intenso del suceso y lo impactante que es la vida humana. Todos crecimos conociendo la historia. Sin embargo, ninguno de los que trabajamos en este proyecto volveremos a recordar este accidente con los mismos corazones. Apreciamos de primera fuente todo lo que ocurre detrás de la estadística. Conocimos las esperanzas y frustraciones de personas tan capaces como Álvaro y sus compañeros.

Solo nos queda agradecer a Álvaro por darnos la oportunidad de trabajar en un proyecto tan potente e impactante como este, agradecerle también por haber confiado en nosotros y  haber abierto su corazón a un grupo de diseñadores que fueron capaces de interpretar un homenaje personal a sus compañeros a través de un diseño para vinos particulares y únicos.